Cada vez que hacían el amor el marido insistía en que fuera totalmente a oscuras. Cerraban ventanas y apagaban luces, todo. Después de 20 años a la mujer se le hacia cada vez mas ridículo, así que un día preparó un plan para quitarle esa manía al marido. Una noche, durante una sesión salvaje, en medio de gritos y romanticismo carnal, ella encendió las luces repentinamente. Cual sería su sorpresa al mirar hacia abajo y ver que su marido tenía puesto un consolador más grande que un pene de verdad, y su propio miembro estaba completamente flácido. Se volvió loca, se puso histérica, los que habían sido gritos de placer se convirtieron en insultos. Hijo de puta, cabrón, impotente, le gritaba, ¿cómo pudiste estar engañándome todos estos años? ¡Desgraciado, más te vale que vayas dando una buena explicación! El esposo, sin inmutarse, con mucha calma, la miró fijamente a los ojos y le dijo: “Yo te explico lo del juguete, y tú me explicas lo de los niños”.
Incluso cuando las cosas marchan razonablemente, solemos empeñarnos en conocer “la verdad” de las cosas, en llegar “al fondo”. Cuando hay problemas dedicamos mucho tiempo a hablar de ellos, a analizar sus posibles causas, a hacerlos centro del debate. Ya vimos que las quejas suelen ser la base de nuestra comunicación. Pero en la mayoría de los casos la solución depende más de definir objetivos nuevos y dedicarse a otras cosas que de perseguir fantasmas. Si te deja tu pareja, quieres saber a toda costa las razones, si es que roncas como un cosaco, eres poco cariñoso o es que hay “alguien más”. Por mucho que preguntes, tu pareja no te dirá la verdad sino lo que sea menos doloroso o más fácil de decir (venganzas y malos rollos aparte). La inquietud te consumirá durante un tiempo en vez de dedicarte a otra cosa mariposa.
Pero es que cuando la vida nos sonríe con cierta frecuencia y no hay especiales dificultades, nos ponemos a buscar la perfección, a conocer los motivos de nuestra felicidad, a encender la luz allí donde está oscuro a pesar de haber disfrutado siempre de las tinieblas. Si recibimos una herencia, como en aquel cuento de los dos hermanos, estaremos preocupados por la parte que se lleva el resto de la familia. Querer saber allí donde no hace falta genera problemas allí donde no los había. En fin, la eterna confrontación entre la aceptación de cómo son las cosas, y la racionalización un tanto ansiógena de planteárserlo todo.
Y es que por muy bien que nos vaya con los romanos, ¿qué han hecho ellos realmente por nosotros? Este vídeo de “La vida de Brian” nos sacará de dudas.
Gracias Eli por la “historia”.
Me encanta el titulo!!
Buen articulo.
Saludos.